Avila

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Meseta Castellana
BIENVENIDO

15/1/12

EL CONCORDIA


Cuando supe del hundimiento del Costa Concordia habían pasado dos días de la tragedia. Pude ver unas imágenes grabadas por un pasajero y, entonces, caí en la cuenta de que allí había viajado durante una semana, por el mediterraneo, hace poco más de tres años.

Me ha costado asimilar la noticia, he de reconocerlo.
Puedo contar que el Concordia me pareció una auténtica ciudad, una población de más de 4.000 personas embutida en un edificio de más de ocho plantas, creo recordar. En aquel momento el barco estaba en plena ocupación y evitaba pensar en que pudiera ocurrir cualquier accidente. La visión de comfort de las instalaciones quedaba un tanto borrosa al ver el pulular de tanta gente. Las magnitudes eran inmensas en todo los ámbitos salvo en los tamaños de los camarotes. Aquello era una torre de Babel: el personal era de origen filipino, indio e italiano, principalmente y los mensajes por la megafonía eran en italiano. Un boletín diario en el buzón de nuestra puerta servía de información.


Los restaurantes estaban a tope, las minúculas piscinas, los pasillos y  las salas de diversión. A menudo no encontrábamos sitio a las horas de las comidas porque, además, una cantidad ingente de italianos, en su mayoría, acaparaban las mesas, se guardaban sitios vacíos para los familiares o amigos durante una larga espera.
En ocasiones, como en las comidas, el desorden era indescriptible. Coincidían las horas de desembarque con la de comer y la única alternativa era comer pizzas en un autoservicio.

El circuito, por el Mediterraneo, era un recorrido cerrado en el que los viajeros iban embarcando en diferentes puntos de la geografía. No había principio ni fin. Cada uno comenzaba y finalizaba su viaje en el un determinado puerto. Así pues, nos convocaron para el simulacro de evacuación horas antes de proceder a nuestro desembarque y fin del viaje, en Barcelona. Para los italianos era su segundo día a bordo. Para nosotros, el final de la aventura.

Apenas nos enteramos del llamamiento. En italiano, a la hora de la siesta, nos encontramos con que, al oir movimiento en el pasillo, los viajeros pasaban por delante de nuestro camarote con el chaleco puesto y se dirigían a la cubierta próxima a la lámina marina.
Realmente no nos enteramos de cómo fue el simulacro.
Casi me parece mentira que haya varias víctimas porque hubiera entendido que la cifra hubiese sido bastante mayor.
Volvería a hacer un crucero. No sé si es valentía o incosciencia. Si repitiese la experiencia, lo haría en un barco más pequeño o al menos con  una cantidad de viajeros menor.


 
Al hilo de este suceso, he recordado que el destino me ha hecho testigo o partícipe, en mayor o menor medida, de otros acaecidos en la historia reciente. He caído en la cuenta de que el veintinueve de Diciembre de 2006, llegué a la terminal de Barajas a tan solo unos minutos del atentado de la T4. En Agosto de 2008, para embarcar en el Concordia, tomé un vuelo de Spanair, pocos días después del fatídico accidente del avión de la misma compañia, en el mismo aeropuerto. El aparato en el que yo volaba iba casi vacío. Tan solo unos pocos valientes y tripulación de otras compañías lo ocupábamos. Pudimos ver los restos del siniestro desde nuestras ventanillas, conteniendo el aliento en el despegue, guardando un tremendo silencio durante todo el vuelo.
Son casualidades porque no viajo tanto ni cojo tantos vuelos. No puedo dejar de sentir cierto estremecimiento al pensarlo y mucha pena porque todos pudieron evitarse.

La foto del Concordia abatido, semisumergido en el Mediterraneo, puede ser la imagen que represente el hundimiento de algunos valores. Falta nos hace que haya Concordia: acuerdo, conformidad y unión.  

12/1/12

UNA FUERZA ENORME ESTA EN NOSOTROS.

Hasta cuando nos marchamos lejos
por cobardía o por despecho,
por un amor inconsolable,

cuando en casa el tiempo pasa sin vivirle
y lloras porque no sabes por qué
una fuerza enorme esta en nosotros mismos,

la sencillez de lo sencillo,
donde las luchas son inútiles,
es más fuerte que una muerte incomprensible,
es vencer esa nostalgia que nos se va de tí.




Tienes que poner los dedos en tu herida
y entonces sentirás la fuerza de la vida,
que te conducirá, lo sé,
amor, ya lo verás,
a la salida que hoy no ves.

Cuando te recomen los silencios
y el corazón les pone precio
con un rumor insoportable

cuando te hundes y no puedes levantarte,
y hasta cuando la esperanza
piensas que se perderá.

Es la voluntad que a todo desafia,
es nuestra dignidad, la fuerza de la vida,
que no preguntará que es la eternidad,
aunque sepa que la ofenden,
o que la venden sin piedad.

Tienes que tocar el fondo de tu herida
y reconocerás la fuerza de la vida,
que te conducirá, lo sé,
no te dejará marchar,
no te dejará, ten fe

Hasta dentro de la carcel
de esta enorme hipocresía,
y en los fríos hospitales
de ese mal de nuestros días,
una fuerza te vigila,
tu la reconocerás,
es la fuerza testaruda que hay en tí,
que sueña y no se va de tí.

Es la voluntad
más fragil e infinita,
es nuestra dignidad,
la fuerza de la vida.

Es nuestro amor, la fuerza de la vida,
que no preguntará
que es la eternidad,
porque siempre por nosotros luchará,
y no nos dejará.



Tienes que tocar
la llaga de tu herida,
y reconocerás
la fuerza de la vida.

La fuerza dentro de tí,
la tienes que presentir
y allí estará,

la fuerza de la vida,
que te conducirá, lo sé,
que susurra convencida
lo importante que la vida es.


11/1/12

ME GUSTAN TANTAS COSAS

Inicié este blog, en Noviembre de 2007, animada por un ejercicio de la Escuela de Escrtitores. Vuelvo a leer y a disfrutar de este post. Y sigo diciendo...

MI ME GUSTA (21/11/2007)

Me gusta el sol del invierno y también el del verano, tocar la hierba húmeda con las manos y la arena del campo o de la playa. Ir a un concierto de Maná y saltar dando botes y palmas en la grada. Escuchar a Take That o a Norah Jones, mientras conduzco o camino de mañana.

Me gusta regar el laurel y el limonero, hablar a la mimosa, a la yuca y al jazmín. Me gusta en la azotea, flotar dentro del agua, mirando al cielo en las noches de verano, dejar que llegue el alba...
Respirar el olor del invierno soleado y el del amanecer en el verano, debajo de una higuera.
Me gusta, de Mérida, recorrer el puente romano ya al atardecer para, después, sumergirme en la cálida y sonora noche en las ruinas del teatro.
Me gusta respirar el aroma de quienes sutilmente dejan un halo de perfume y me dejo impregnar y me quedo con parte de su alma.
Me gusta cerrar los ojos y viajar al patio de mi abuela, ver las hormigas “rojinegras” cómo suben al granado, el olor al esparto de mi abuelo. Me gusta el aroma caliente a torrijas recién hechas, a los guisos al despertar siendo niña en la mañana, a los pimientos, al pisto, a la paella. Me gusta el bocadillo de pan con chocolate, el chicle bazoka y el olor a borrador que tengo en mi memoria. El arroz con leche de mi madre, el “after shave” en los besos de mi padre. Ver una película en un día frío de lluvia. El sabor del las especias, del eneldo, del comino o la canela. El olor de la tierra después de la tormenta.
Me gusta mirar a los mayores sabiendo que son niños y a los niños queriendo ser mayores.
Me gusta disfrutar la calurosa siesta bajo un sauce y también acompañada, jugando a darnos besos y a abrazarnos, como si no importara nada. Me gusta estar sola o rodeada. Me gusta el silencio de mi casa tras una tarde de risas, de bromas y de charla. Me gusta la desgana del verano, bajo la sombra de un libro, sobre la arena y a lo lejos, las olas, ... el agua de la playa.



Me gusta despertar en inglés con la risa de George, me gustan sus tres años que iluminan, en Londres, una gris mañana. Caminar en un lugar en el que nadie me conoce, jugar a imaginar las vidas de las gentes que se cruzan en la calle.
Me gusta la sabiduría de un hombre maduro, la quietud de los silencios, si me envuelve su mirada. Nadar en unos ojos transparentes que desarman, para amarlos, buceando hasta llegar dentro, muy dentro de su alma. Me gusta acariciar el algodón dentro mi cama y respirar el olor de las sábanas azules, profundas como el mar, pero sin algas. Despertar con caricias en medio de la noche, de madrugada, sin prisas, sintiendo que me aman.



Me gusta el olor de mis hijos desde niños, el olor de su pelo, de su ropa, de sus caras. Los ojos risueños de mi niña, y de él, la mirada tan profunda que me abraza .
Me gusta escuchar el cannon de Pachelbel, envolverme en alegría de Haendel, ascender por el Carmina Burana e inquietarme por un Réquiem de Mozart ; tocar el Para Elisa en el piano, rozar las teclas negras jugando a recordar (“La chocolatera”).



Cantar en la butaca, en un concierto, o la melodía principal de un musical. Imaginar que sé la notas, el tono o el compás.
Soñar que cada noche viajo sin alas y volar; mirar por encima de las nubes cuando floto en lo alto de un avión que me lleva muy... muy lejos.
Me gusta ser yo. Me gusta descubrir y disfrutarme. Ser grande porque soy pequeña, enigmática y profunda. Me gusta ser especial y saber de muchas cosas. Contar lo que me pasa, gastar bromas, dar sorpresas, hacer regalos, jugar a ser muchas diferentes.

Me gusta que hoy es un día de noviembre y... que puedo imaginar y desear... que es lo que yo quiero.

.....  .....  .....  .....  .....  .....  .....

Me gusta este sol de Enero, la luz de la tarde, el horizonte desde mi ventana.
Me gusta la música de los 80, la de los 90 y la que escucho acompañada; que me lleven en mi coche, que lleguen los viernes, que lleguen los lunes, que alguien me espere, tener algo por lo que reir, que mi risa se escuche, que me hagan reir.
Me gustan los abrazos, responder una llamada, cumplir años, dar la mano, dar besos, dormir, despertar, vaguear, tener ganas, olvidar el olvido, recordar poco, querer mucho y saber menos.
Me gusta cada día, venga con el traje que venga, aunque muchas veces me sorprenda y no sepa cómo trepar por él. Me siguen gustando tantas cosas que esto acaba de empezar.
Seguiré...









28/12/11

EL SECRETO POR DESCUBRIR ESTA EN NOSOTROS.

...Se oculta en las palabras y las manos ardientes

Preciosas palabras en la voz de Dulce Pontes:


O segredo a descobrir está fechado em nós
O tesouro brilha aqui embala o coração mas
Está escondido nas palavras e nas mãos ardentes
Na doçura de chorar nas caricias quentes

No brilho azul do ar uma gaivota
No mar branco de espuma sonoro
Curiosa espreita as velas cor de rosa
A procura do nosso tesouro

A brisa brinca como uma gazela
Sobre todo o branco e a rua do Ouro
Curiosa espreita a fenda da janela
A procura do nosso tesouro.

14/12/11

INCERTIDUMBRE

    

Aprecio la quietud tanto como estar en movimiento. Me desplazo de un estado a otro mientras me sumerjo en la incertidumbre para salir de ella.  Nado en las tranquilas aguas del abandono hasta que algo me impele de nuevo.

Me gusta la luz del verano, que me mueve y me agota, tanto como me desagrada la oscuridad fría de la noche invernal, llena de dudas.
El invierno tiene sombras que solo la primavera disipa y las risas del verano aniquilan.




Quiero salir y ver el horizonte luminoso, ser otra de nuevo, oler las flores y el campo soleado. No quiero más largas noches de incertidumbres, no me gusta la oscuridad que siempre huele a soledad. Quiero noches con luz, otras noches... sin temores.



14/9/11

MUNDOS PARALELOS

Se oyó el teléfono, una vez, y se apagó el sonido. Era la hora de la siesta, un día del mes de agosto. El ring me sacó del estado de ensoñación. Me levanté a mirar en el display el número y pude ver que era extraño para mí.
Quince minutos depués, volvió a sonar de nuevo el teléfono. Pude oir al otro lado, la voz, algo grave, de un varón con acento francés que preguntaba por Julia. Le respondí que se había confundido.
Me comentó que su nombre era Luis. Se encontraba perdido e intentaba localizar a Julia para poder encontrar el camino. Insistió de nuevo en que yo era Julia.
No supo decirme donde estaba. Ni si quiera sabía por qué había marcado mi número. Se cortó la llamada, sin más.

Al día siguiente, casi de noche, volvió a llamar el desconocido. Parecía estar menos confuso y conversamos.
Luis pudo contarme, pausadamente, que  era un financiero de origen francés que solía veranear en España desde que era un niño. Hablaba muy despacito, dejando grandes silencios cada dos o tres palabras. Parecía que buscaba datos en su cabeza para poder ir destilando, a modo de goteo, toda la información.
Me insistió:
- Julia, estamos en mundos paralelos. ¿Recuerdas?
- Luis, no soy Julia.
- Eso ni siquiera lo sabes. Cuando nos encontramos somos otros, nuestros mundos convergen. Estoy llamando al número de siempre, al que me diste cuando nos conocimos.
- No sé de qué me hablas. Mi nombre es Elia...
- Te empeñas en nombrarte así. Cuando coincidmos eres Julia. Te cuesta admitir que vas de un mundo a otro. Ahora estás hablando conmigo, eres Julia ¿Recuerdas? Esta situación no la eliges. Solo podemos contactar cuando nuestros trazados se cruzan.
- No entiendo nada. Estoy en mi casa, con mis cosas. Veo lo de siempre a mi alrededor. Oigo las campanas de la Iglesia, como es habitual, nada es diferente. ¿De qué mundos me hablas?
- Vivimos en mundos diferentes, como haces de luz que enfocan al infinito por los que transitamos. Cuando se mueven para iluminar el mismo punto del infinito, nos encontramos. Entonces, cuando eso ocurre, Elia, tu eres Julia. No podemos evitarlo. Tú tampoco.



Miré el reloj. Me había quedado con el teléfono en la mano, adormilada, y ya eran más de las tres de la mañana. El auricular no emitía ningún sonido. Me sentía agotada y con cierta angustia.

Hace días que espero la llamada de Luis. Necesito saber su paradero y el de Julia. Quiero conocer más sobre mí. No sé si Luis está perdido entre su mundo y el mío. Yo creo permanecer siempre en el mismo sitio... aunque ya no lo sé. Como todo es tan relativo, necesito que me explique, desde su mundo, dónde está el mío.

12/9/11

Esta Guerra de la Independencia es lo que parece.

La historia nos ha enseñado lo que es la lucha por la Independencia.

La Guerra de Independencia de los Estados Unidos fue consecuencia de la gran influencia que tuvieron las ideas de la Ilustración en América.

Más tarde, esta guerra tuvo un gran impacto en el pensamiento político latinoamericano. Fue ejemplo, y modelo, para las colonias hispano americanas.

Casi siempre tiendo a pensar que todas las guerras son inútiles porque no me gustan las guerras.
Así es que he ido elaborando mi propia teoría. Cuando alguien entra en tu territorio sin preguntar, tan solo porque considera que puede apoderarse, en nombre de sus propias normas, por su consideración de superior, de todo lo que es susceptible de explotar, entonces, creo que se empieza a declarar  la guerra. Aunque tan solo quieras defenderte del invasor, estarás inmerso en una guerra que no has buscado y de la que es muy difícil escapar: nadie puede ser dueño de otros territorios que nunca fueron, ni serán suyos. Aquellos territorios tienen su propia ley y se ha de respetar.

Evidentemente, el invasor toma posesión de un territorio y el impulso de la conquista conseguida le hace adquirir formas de dominio hasta que el invadido toma fuerzas.

El problema, sigo pensando, tiene que ver con que es difícil que después del susto, sobreponiéndose a él, alguien quiera estar sometido, viviendo indignamente, sabiéndose considerado inferior.
La ideas pueden ser interesantes para mostrarse intelectualmente convincente y hasta puede distraer la atención. Así ocurrió con la clase dominante en latinoamérica entre los siglos XVIII y XIX. Una cosa es la teoría y otra, la aplicación que le damos.
La Revolución Francesa no fue bien acogida por las colonias hispanoamericanas que consideraban que la igualdad podía darse entre los miembros de la clase criolla, pero no entre criollos, indios, mestizos, negros y mulatos.

La Revolución Francesa fue producto de la Ilustración. Ideológicamente sirvió para justificar los movimientos de independencia aunque no fue la causa última de las guerras independentistas latinoamericanas.
Como causas habituales de que se produzca la revuelta, para el intento independentista, suelen producirse situaciones:
- Exceso de control por parte del invasor.
- Pérdida de libertades como consecuencia de la cantidad de burocracia exigida. (Hay que pedir permisos para casi todo, por escrito,  al invasor). Es imprescindible que el sometido se considere inferior para ejercer el control.
- El invadido no puede optar a tener cargo importante, con un mínimo de  poder y no interesa que tenga voz.
- El desarrollo económico se pretende fundamentar en la dependencia. El sometido ha de trabajar para el que somete. Pero no puede disponer de sus bienes libremente.
- Se ha de financiar el alto nivel económico pretendido por el invasor a costa del invadido.

Saturno devorando a sus hijos para evitar su destronamiento.

Lo más habitual es que cuando hay una rebelión, quien está viendo que se le escapa el poder intentará crear divisiones en los sublevados, procurará mostrar su mejor cara para buscar aliados, se empleará a fondo para no perder todas las colonias, utilizará todos los medios a su alcance para poder seguir controlando lo que considera su territorio.

Quienes actúan desde el poder adquirido injustamente, pueden dirigir su guerra sin mancharse, fuera del campo de batalla,  sin  despeinarse; subidos en su sillón tapizado, dando órdenes a quienes, manipulados, son su instrumento. 

Al fin y al cabo es una guerra, su guerra, donde todo les vale. La manipulación de los inocentes, para quienes son unos invasores desalmados, es un juego de niños que alimenta su propio espíritu sanguinario, el espíritu del poder y del control. Ese espíritu es un monstruo que necesita alimentarse contínuamente.

No me gustan las guerras pero si tengo que justificar alguna, es la Guerra de La Independencia.

29/8/11

Un veintinueve de Agosto.

Estoy al otro lado de la alambrada, lo sé. Me gusta mirar desde dentro sabiendo que suelo estar fuera.
Este veintinueve de agosto, he recorrido un bosque de recuerdos por caminos que ya hube andado hace más de veinte años. Los árboles abandonados conforman una arboleda algo siniestra y desigual, como en los recuerdos.
Otros años, hace varias décadas, el sol era abrasador a las cinco, igual que esta tarde. Es un día de verano extraño porque yo misma me siento extraña. Había tenido por la noche sueños extraños y el aire, cálido, corre extraño.
Estoy llena de incertidumbres.
He visualizado, con los ojos húmedos, escenas pasadas que casi puedo tocar. Me veo a mi misma, a mis hermanos, a mis padres, a todos los convocados tantos veintinueve de agosto, años atras.

Está todo tan lleno y tan vacío, repleto de interrogantes, de dudas que asaltan cuando entras en un espacio que es casi como otra dimensión.
Yo ya no soy la misma que hubiera imaginado... ni siquiera hace un año.
He recorrido un largo camino, he andado por sendas tan inimaginables y, al fin, estoy en el mismo sitio.
El calor es aplastante, el aire caliente reseca mis pulmones pero no mis ojos. He mirado a lo lejos, al horizonte y he mirado dentro. Sigo caminando, recorriendo los recuerdos y el futuro que será.

Me he alegrado de entrar en esta escena de mis recuerdos rodeada de quienes lo viven como yo, mis hermanos. Hubiera querido compartirlo con más seres queridos.
Me hubiera quedado hasta el anochecer y hubiera mirado las estrellas en busca de preguntas, en todo caso... porque respuestas no hay por el momento.

Estoy deseando seguir caminando hacia el futuro. Y me gusta hacerlo, siempre, acompañada.



Entre mis recuerdos.

9/8/11

Minicuentos: en el Facebook


Desde que hablamos aquel día, hace más de un mes, todo me ha parecido extraño. Como imaginación no me falta, he llegado a pensar que eras un espía, disfrazado de artista, en las redes sociales.
Pensé que tal vez tu precipitada desaparición tenía que ver con una situación límite, en que el enemigo habría, probablemente, cortado los cables de conexión a internet o que un virus "por ondas" habría interceptado la conexión GPRS de tu Smartphone.
Casi respiré cuando descubrí por aquel email, el cuatro de julio, que seguías vivo y con las conexiones latiendo. Estaba yo de vacaciones y con problemas de comunicación.
Respondí, entonces, a la primera oportunidad como si de una espía o contacto secreto se tratara... ¿Cómo y cuándo? Me faltó el dónde. Aún me lamento por esa ausencia de adverbio.

Estuve intranquila porque aparecías "desaparecido" más de tres días, ni rastro de conexión ni un mensaje. No supe cómo hacer. Quizá alguno de nuestros jefes espías podría dar con tu paradero. ¿Quienes son?
¿Soy yo también una espía? Alguien debería haberme avisado.
El caso es que he rastreado de principio a fin la web para encontrar pistas. No sé cual es nuestra conexión ni el enlace que nos hace coincidir. No han dejado rastro. Ellos han borrado las huellas. Pero este mensaje que te envío es para que, con tu anhelada respuesta, pueda constatar que sigues respirando. No sé aún quien eres y empiezo a no saber quién soy yo, si no respondes.
Si crees que la misión es ImPOsIbLe, avisa, tal vez necesitemos refuerzos. No dudes en pedir auxilio y emplearé todas mis energías para rescatarte.
Espero que esta vez puedas respirar fuera del agua y te dé tiempo a lanzar algunas burbujas que nos orienten.
Estamos preocupados, BGV73. No sabemos si el bogavante ha sido el culpable. O quizá... ¿eres tú el bogavante?

2/7/11

DESDE QUERÉTARO HASTA QUEENSLAND, PASANDO POR AL QAHIRAH Y BUDAPEST

Hace casi cuatro años que abrí las puertas de este blog. Lo hice con compañeros de la Escuela de Escritores. Fue toda una experiencia compartir, semana tras semana, nuestros escritos. El curso terminó hace tiempo, pero el Blog sigue abierto.

Para mí, este sitio  es parte de mi casa. Con las puertas abiertas, dejo que corra el aire hacia el exterior y al contrario. Muchas de las cosas que siento y pienso, que sucenden en mí, salen por sus puertas y ventanas.
Me gusta saber que me visitan, que hay quienes se detienen en algún momento unos minutos para leerme.
El mapa de visitas, aunque no refleja todas, da una idea de dónde se ubican quienes aterrizan por aquí. A todas ellas quería agradecerles haber pasado por mi casa. A todas quería dedicarles este post.


Hasta donde la memoria me permite,  tengo presente que me hubiera gustado tener el don de poder volar, instantáneamente, a todos los paises del mapa.

Siendo muy pequeña, recuerdo el poder mágico, casi hipnótico, que tenía en mí cualquier mapamundi. En el colegio disfrutaba enormemente con las clases de Geografía, con las fotos del libro de "Sociales": imágenes de sitios lejanos, de personas que vivían a muchos kilómetros.

Me atraía lo diferente, las formas de vida de países exóticos o distantes; conocer y que me conocieran, aprender de todas esas culturas que estaban alejados de mi casa.
Este medio, internet, me atrajo por todo ello desde el primer momento. Recuerdo la maravilla de descubrir que, a través de una pantalla, pude viajar por vez primera, hace ya unos años, y ver en tiempo real sitios desconocidos.

Viajar y que viajen hasta mi casa. ¿No es todo un milagro?

Soy feliz de haber podido vivir en esta época y disfrutar de la cercanía que nos proporciona la tecnología.
He podido conocer a gente diferente, recuperar el contacto con quien daba por perdido y recibir, encantada de hacerlo, a todo el que quiera entrar en esta página.

Aquí están las huellas de quienes me visitan. Para todos es este pequeño homenaje. Me siguen gustando los mapas y ver que hay vida en ellos, aún más.

Son los amigos mexicanos quienes más acuden a esta página, después le siguen España, EEUU, Colombia, Perú y Argentina.

Como agradecimiento, listo los lugares del país de donde proceden más internautas.

Mexico (MX)
Distrito Federal, Jalisco, Mexico, Puebla, Nuevo Leon, Guanajuato, Sinaloa, Veracruz-Llave, Baja California, Hidalgo, Yucatan, San Luis Potosi, Tamaulipas, Oaxaca, Chiapas, Queretaro de Arteaga, Quintana Roo, Michoacan de Ocampo, Coahuila de Zaragoza, Chihuahua, Sonora,Tabasco, Morelos, Tlaxcala, Zacateca, Guerrero, Aguascalientes, Campeche, Colima, Durango, Baja California Sur y Nayarit.


Muchas gracias. Espero seguir recibiendo, encantada,  a todo el quiera hacerlo.






21/6/11

Aquel verano, Antonio y todos los demás.

En el verano del 73 fuimos de vacaciones a un pueblo de la sierra. Acostumbradas a estar siempre a cubierto, en casa, bajo la atenta mirada de nuestros padres, las tres hermanas disfrutamos de una libertad desconocida. Se abrieron las puertas, de par en par, y un vendaval de nuevas sensaciones nos envolvió.


Llegamos con nuestros vestiditos, con zapatos blancos, y calcetines calados, a un chalet de dos plantas rodeado de higueras, frutales y de pequeños arroyos que bajaban de Gredos. Ya éramos una familia numerosa contando con mi hermana pequeña, que solo tenía un año. A ella le dedico este recuerdo, porque aunque estuvo allí, por pequeña, no pudimos llevarla con nosotros.
Desde las habitaciones de la casa se divisaba gran parte del valle, los castaños, los cerezos y los manzanos. El cielo azul intenso aparecía recortado por el perfil montañoso. Aún puedo recordar el olor a sierra, a frutas, a huerta y, sin duda, a libertad.

Isabelita, que vivía en ese bonito pueblo, fue la encargada de llevarnos a disfrutar de uno de los más maravillosos veranos que he vivido y puedo recordar.
Dos días después de llegar allí, ella nos presentó a tres de sus primos. Con la rapidez con que los niños se abren a otros, con algo de vergüenza pero con infinitas ganas de divertirnos, formamos la pandilla del verano del 73.
Dos de ellos venían de Madrid y el tercero de los chicos era del pueblo. Para hacer más organizado el grupo hicimos el reparto de parejas, desde el principio y de esta manera me fue presentado mi primer novio, Antonio.

No sé si hacíamos buena pareja pero fuimos capaces de entendernos. Hablábamos sólo lo necesario, lo divertido. Es por eso que no hubo regañinas ni disputas, ni reparto de bienes al acabar el verano; por eso y porque teníamos todo el tiempo del mundo.
Dedicábamos las mañanas a la recogida de higos y a las tareas domésticas. De las tardes y las noches fuimos totalmente dueños. Solíamos ir a una alberca con agua de la sierra y, por las noches, con nuestra silla traída de casa, a un cine de verano en una explanada polvorienta desde la que se veían las estrellas y la luna más bonitas que nunca he visto.

Aún así, siempre tuvimos tiempo para hazañas valerosas:

Conquistamos un huerto de manzanas, furtivamente. Rescatamos, prisioneros, racimos de plátanos de un camión una noche de agosto… Después vino el asalto a un montón de barriles con aceitunas y las reuniones en una casa abandonada, a medio hacer. Allí, entre ladrillos y sacos de cemento, en una segunda o tercera planta, de paredes huecas, sin ventanas y sin barandillas, fumábamos unos celtas que comprábamos de “incógnito” en el estanco-tiendaparatodo. ¡Qué momentos! Aquel mechero de mecha que no encendía, esos cigarros imposibles de aspirar, y sin filtro…

Subíamos varios pisos por la escalera de obra del edificio, uno de los lugares más peligrosos por los que creo haber transitado. Eran excursiones con peligro asegurado, sin casco y sin miedo porque creíamos en todo y queríamos vivir así, sin medir el riesgo, sin pensar.

Al acabar las vacaciones, nos fuimos más libres, más fuertes, más contentas, más mayores y llenas de secretos.

Hace unos días entré en un local cerca de donde vivo. No podía creerlo, era él, después de cuatro décadas. Todavía no puedo comprender cómo pude reconocerlo.
Allí, delante de mí, estaba Antonio. No pude reprimir las ganas de preguntarle por el verano del 73.
Me embargó la emoción al descubrir cómo recordaba, con total nitidez, los mismos momentos que vivimos aquel mágico verano en el que todos nos descubrimos a nosotros mismos un poquito más.

1/6/11

El Viento en la Isla (Pablo Neruda)






El viento es un caballo:


óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.


Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.


Escóndeme en tus brazos
por esta noche sola,
mientras la lluvia rompe
contra el mar y la tierra
su boca innumerable.



Escucha cómo el viento
me llama galopando
para llevarme lejos.




Con tu frente en mi frente,
con tu boca en mi boca,
atados nuestros cuerpos
al amor que nos quema,
deja que el viento pase
sin que pueda llevarme.



Deja que el viento corra
coronado de espuma,
que me llame y me busque
galopando en la sombra,
mientras yo, sumergido
bajo tus grandes ojos,
por esta noche sola
descansaré, amor mío.

30/5/11

Escuchando a PABLO NERUDA (Los versos del capitán)

SI TÚ ME OLVIDAS


Quiero que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es esto:
si miro
la luna de cristal, la rama roja
del lento otoño en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable ceniza
o el arrugado cuerpo de la leña,
todo me lleva a ti,
como si todo lo que existe,
aromas, luz, metales,
fueran pequeños barcos que navegan
hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco dejas de quererme
dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques
que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco
el viento de banderas
que pasa por mi vida y te decides
a dejarme a la orilla
del corazón en que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los brazos
y saldrán mis raíces
a buscar otra tierra.
Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí estás destinada
con dulzura implacable.
Si cada día sube
una flor a tus labios a buscarme,
ay amor mío, ay mía,
en mí todo ese fuego se repite,
en mí nada se apaga ni se olvida,
mi amor se nutre de tu amor, amada,
y mientras vivas estará en tus brazos
sin salir de los míos.

Vistas al mar

La luz, el agua, la olas. El cielo, la arena, la sal, el sol. Azul, viento y mar.


(Playa de El Puerto de Sta. María)
Quiero olas de luz, sal azul, un cielo de arena, sol de agua, un mar de viento. Son de verdad.

25/4/11

EMBRIÁGUENSE

"Hay que estar ebrio siempre. Todo reside en eso: ésta es la única cuestión. Para no sentir el horrible peso del Tiempo que nos rompe las espaldas y nos hace inclinar hacia la tierra, hay que embriagarse sin descanso.

Pero, ¿de qué? De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca. Pero embriáguense.

Y si a veces, sobre las gradas de un palacio, sobre la verde hierba de una zanja, en la soledad huraña de su cuarto, la ebriedad ya atenuada o desaparecida ustedes se despiertan pregunten al viento, a la ola, a la estrella, al pájaro, al reloj, a todo lo que huye, a todo lo que gime, a todo lo que rueda, a todo lo que canta, a todo lo que habla, pregúntenle qué hora es; y el viento, la ola, la estrella, el pájaro, el reloj, contestarán:

“¡Es hora de embriagarse!"

Para no ser los esclavos martirizados del Tiempo,

¡embriáguense, embriáguense sin cesar!

De vino, de poesía o de virtud, como mejor les parezca".

Charles Baudelaire









21/4/11

MOMENTOS

Hace más de mil noches se me paró el reloj. Aunque era por la tarde, se hizo de noche porque venía atardeciendo ya unos meses. No me di cuenta hasta que dejé de sentir la brisa del aire, las voces de los niños, las campanas en la lejanía y el olor a tierra mojada. Cerré puertas y ventanas, apagué las luces y esperé que el tiempo fuera pasando.

A veces oí un murmullo aunque no supe distinguir muy bien qué me contaban…

Hace ya mas de doscientos soles que mis ojos despertaron y se hizo la luz de nuevo. El aire ululaba en mi balcón, las campanas cantaban sus horas y las risas de los niños, ligeras, subían flotando hasta mi ventana.

...Subí despacio hasta la azotea y comprobé en silencio la quietud del limonero, el laurel, el pino, la mimosa, las madreselvas, los jazmines, las yucas y la hiedra… la quietud y las hojas pintaban las paredes de amarillo.

La mimosa estaba rendida por la oscuridad de todas esas noches y acaso no parecía despertar del sueño. Comencé a regar todos los días y, al poco, todas las plantas despertaron, brotaron verdes y hermosas pero la mimosa no hacía sino quedarse más y más lacia. Hace dos lunas me situé frente a ella y mostrándole el agua le conté que era momento de crecer. Lo seco se poda y si tu quieres sale el verde. Yo regaré todas las noches y al amanecer. Esperaré el tiempo que tu quieras, te hablaré por las noches como a la luna y a las estrellas. Lloraré si te hace falta para humedecer tu tierra… ahí estaré.

Anoche, cuando todos dormían subí despacio para ver a la luz de la luna la mimosa. La noche era cálida y hermosa, las estrellas del mes de julio en el hemisferio norte me hacían compañía y, al poco de percibir las ramas, antes casi de poder verlas, me brotaron dos lágrimas. De la mañana a la noche cientos de hojitas cubrían sus ramas que yo creía perdidas. No me extraña, le dije, ya sé porque te llaman “mimosa”. Ahora podré besar a mi amor bajo su sombra en este caluroso y largo verano."

Todos buscamos momentos que deseamos amar, incluso, antes de conocerlos. Ese momento que esperas, para que te ame… hay que amarlo antes en el corazón.

20/4/11

Volver

Llevo días oyendo a mi alrededor que tengo mi mente en otro sitio y debe volver a mí: que estoy sorda, que estoy ciega e incluso que estoy muda.
He dejado de reír ruidosamente, como a veces hago. Hay rincones de mi casa oscuros porque yo no miro y paso de largo.

Me he propuesto hacerles caso. 
Recorreré todos los sitios donde estuve. Soy conciente de lo complicado de la empresa ya que estando ciega me encuentro algo desorientada.

He de intentar recordar los lugares por donde he pasado recientemente, a pesar de que he perdido muchos recuerdos para poder llegar hasta aquí . Así es que esto empieza a ser un laberinto.

Una madrugada ya pasada, recuerdo haber estado un momento en el Himalaya atesorando conchas, restos marinos y haciendo bonitas lámparas de sal. En Queensland juntando trocitos de coral para hacer un precioso collar, en el mar Muerto acaparando el agua que llega del Jordán.

En el Sáhara, recogiendo la escarcha que se forma por la noche, y hasta en lo alto de la roca Uluru en Australia, reuniendo hormigas con los Anangu... pero sé que no fue allí donde abandoné mis pensamientos.

Seguiré buscando, sí, seguiré buscando.

18/4/11

ZAPATITOS

Hace unos días, recuperé este "cuento" que guardé en una botella y arrojé al mar. Después de varios años, las olas lo devolvieron a la orilla. Este es mi cuento:

Cuando era niña, a veces, me sentía muy especial. Pensaba que algún día me ocurriría algo extraordinario.

Sentía un nudo en el estómago cuando sabía que me regalarían aquellos zapatos nuevos que tanto había deseado y que al fin llegaron.


Por la noche los dejaba junto a la cama y mirándolos me quedaba dormida, ilusionada.

Luego, al despertar, no cabía en mí pensando en que ya tenia mis zapatitos. Hace unas cuantas lunas alguien me regaló los zapatitos. Aparecieron en mi ventana arrastrados por un sueño.

Eran unos zapatos distintos, como nunca había visto: a la medida y confortables para caminar. Por momentos dudé, pero al fin pensé que aquellos zapatitos eran ese algo extraordinario que desde hacía tanto anhelaba... ¡No lo puedo creer! No me podía quitar los zapatitos, y a veces hasta me costaba dejarlos junto a mi cama por la noche. ¿Cómo habré vivido yo sin mis zapatitos?


Por la mañana me levantaba y lo primero que buscaba eran mis zapatitos... estaba esperando abrir los ojos para poder colocármelos y saber que el día sería mas fácil. Daba igual si había que subir o bajar, si se mojaban o ensuciaban, yo iba muy a gusto con ellos.

Durante días estuve mirando en mi armario para colocarlos en un buen sitio, pero no sabía cómo hacerlo porque yo solo quería llevarlos puestos. A veces me quedaba ensimismada mirando el espacio y siempre me acababa pareciendo muy pequeño.

 
Desde aquel día en que aparecieron los llevé puestos siempre que pude. Así, si miraba hacia abajo siempre los veía tan bonitos. Pero si tenía que guardarlos, aunque fuese solo un ratito, no sabía donde hacerlo.

Una noche olvidé quitarme los zapatitos y quedé dormida profundamente con ellos puestos. De madrugada desperté inesperadamente, sobresaltada miré y no encontré mis zapatitos.

¿Era todo un sueño?

4/1/11

MUJERES

Se lo dedico a Cecilia que fue quien me animó a escribir en el blog.

Es cierto, lo tengo pasusado desde hace tiempo. No lo abandono porque me gusta releer de vez en cuando las entradas. Disfruto leyendo lo que pensé en otros momentos.

Hace días que tengo en mente a varias mujeres cuya vida o personalidad me dejaron un recuerdo más allá de lo habitual:  Mileva Maric, Sonia Gandi, Salme (Emily Reute), Anita Delgado... Karen Blixen.

Me quedo, por ahora, con Mileva y Salme.

Mileva, creo, es una gran desconocida que llegó a mí a través de una biografía de A. Einstein. Quedé profundamente impresionada por su vida. Oculta, a la sombra de su marido, me resultó enigmática e interesante. Es quien más despierta mi curiosidad de todas ellas. Admiro su capacidad científica, su interés por las matemáticas y su resignación, aparente, con respecto a la persona con quien convivió durante unos años. Durante algún tiempo busqué información sobre ella, pero la sombra de Einstein es demasiado alargada y mujer-ciencia, en otros tiempos fue una combinación complicada.
Me pregunto, como tantos otros se han preguntado antes, si ella fue la verdadera autora de la Teoría de la Relatividad. Me gustaría pensar que no lo fue. Me gustaría pensar que la vida no fue tan injusta como para arrebatarle, también, ese "hijo".

Saber qué les tocó a otras mujeres, y cómo lo superaron, es algo que me atrae a menudo.

Emily Reute me fascinó por lo exótico de su origen y por la valentía de empezar una nueva vida en Alemania, lejos de su tierra. Hija del Sultán de Omar y Zanzíbar, Salme nació en 1844 y fue a vivir a Alemania al contraer matrimonio con un comerciante alemán en 1866. Relata, en sus memorias, una vida agradable, divertida, tranquila y llena de cariño en un harén.
Será porque me gusta lo exótico: la playa, la pimienta, la canela y la nuez moscada. Será porque no puedo imaginarme la vida en el harén si no es porque Emily describió la vida cotidiana con naturalidad, orgullosa de su mundo.
Por todo eso y porque admiro la fuerza y la decisión en las mujeres me agrada pensar en ello.

13/7/09

PENÉLOPE

Cuando Penélope nació, sus padres esperaban un niño.
Penélope tenía cinco hermanos y, por las mañanas, para entrar en el baño, debía esperar que los mayores fueran pasando delante de ella. Debía esperar en la mesa a que su madre fuese sirviendo a todos hasta llegar a ella, que era la pequeña.
Penélope esperaba y esperaba.
A punto de cumplir los quince, conoció a Ulises, un compañero de colegio que acostumbraba a llegar tarde a todas partes. Penélope era la única que le esperaba, cuando el resto de amigos se cansaban de hacerlo. Penélope y Ulises se entendían a la perfección: ella sabía esperar como nadie y Ulises acudía siempre tarde a las citas.
Durante años, Penélope esperó que Ulises le pidiera casarse con ella. Al fin, Ulises puso fecha a la boda, para después pedirle que esperase un poco más.
Unos meses después de la primera fecha acordada, llegó la esperada boda. Penélope estaba radiante. Su espera había merecido la pena.
Ulises solía viajar por su trabajo y Penélope le esperaba ilusionada a su vuelta. Los hijos que ambos esperaban, llegaron. Pero Penélope era especialista en esperar. Solía congeniar con quienes le hacían esperar.
Penélope esperaba a Ulises en casa al anochecer, cada día. A veces Ulises no llegaba.
Cada noche, Penélope se asoma a la ventana, a ver el regreso de Ulises. Hace tiempo que no sabe nada de él, pero Penélope sigue esperando. Penélope solo sabe esperar.

4/6/09

NUBE

.

Apareció de noche, como una nube en una tormenta de verano.

Apenas comenzó a llover, la nube se evaporó y millones de gotitas disgregaron el recuerdo; el vapor lo convirtió en un sueño.
Nunca volví a saber qué fue de la tormenta. Solo queda el olor a tierra mojada.
No pude parar de repetirme, de vuelta a mi sitio: ¿Somos humanos o somos marionetas?

12/5/09




Navacerrada/ 2.008/ Dolors

Me han empujado a callar
hasta los pensamientos.
Se perderán
como se pierden los
recuerdos,
prisioneros de las palabras
que nunca se han dicho.

8/5/09

ZAPATO



Encontró un mundo que le descubrió colores en las sombras; donde hasta el negro, se dejaba pintar de blanco.
En ese mismo instante, el zapato de la Cenicienta, decidió escapar de Palacio y vivir su vida.
Dolors

APERITIVO NOCTURNO


Collage/ Dolors

Se despertó con hambre, cansado.
Abrió la despensa i decidió comer luna. De entrada, la miró del derecho y del revés. Sonrió.
- ¡ Es perfectamente redonda!- dijo
A continuación, aspiró su aroma y le dió un bocado.

24/4/09

FANTASMAS


Cuando era una niña, hablaba a los fantasmas. A menudo, me venían a buscar de noche allá donde estuviera.

Por la noche, a oscuras y en silencio, es mas sencillo encontrarse con ellos. Dormía con las puertas abiertas porque traspasan paredes y muros, pero no yo; así es que, en caso de tener que salir corriendo, lo tendría mas fácil.
Cuando aún no tenía ocho años, se fue mi abuelo al "lugar de los fantasmas". Aquella noche soñé cómo él viajaba y de su mano conocí cómo llegar, pero me explicó que solo en sueños, y de la mano de un fantasma, puedes visitar el otro lado.

A punto de cumplir los once, mi otro abuelo tuvo que emprender el viaje. Días antes supe que se iría, pero no podía hacer nada. Aquella mañana, sentado frente a la mesa, cubierta de papeles, nos abandonó definitivamente. Yo ví como se iba y esperé a la noche para soñar.
Debió ser complicado llegar al mundo de los vivos y abandonar del todo este mundo. Hasta casi el amanecer no vino a mis sueños. Durante algún tiempo, los fantasmas acudían a visitarme, pero siempre, siempre, de noche.

Mi padre, que no creía en fantasmas, intentó disuadirme regalándome un libro, el cual trataba... sobre la cuestión de que... el alma humana puede encarnarse en otros cuerpos sucesivamente. Las posibilidades que nos da la reencarnación, según aquel libro, son múltiples y variadas. Así, uno puede explicarse por qué tiene una mancha en el costado de nacimiento, una verruga o protuberancia en el cuello, o por qué nos produce malas o buenas vibraciones una persona la primera vez que la vemos. Causas y lazos arrastrados de vidas anteriores. Pero siempre con la pega de que no podemos recordar nada de esas vidas.
Y yo, con el asunto de que... los fantasmas, aún leyéndoles el libro, no dejaban de visitarme. Creo que nunca se enteraron de que debían reencarnarse, porque ellos siguieron en su mundo.

Al cumplir los quince, mi cabeza empezó a llenarse de fantasmadas de otro tipo, así es que dejé de hacerles caso y ante mi abandono, debieron optar por retirarse. Ya me advirtieron que es difícil librarse de un fantasma. Algunos se quedan a vivir en algún rinconcito de nuestra mente y no hay forma humana de sacarles.
Con los años y la experiencia, he podido clasificar los variados tipos de fantasmas que pueden venir a visitarnos. Si vienen de fuera, es mas fácil controlarles pero si nacen en nuestra cabeza, se alimentan fácilmente de nuestra imaginación y cuando queremos darnos cuenta, ya se han hecho fuertes.

Demasiado tarde.

22/4/09

CUANDO SOPLA EL VIENTO

La tía Eloísa vivía sola en una casa antigua que por dentro parecía un palacio.
Un piano vertical con candelabros, de los que pendían vistosas telarañas, desprendía el olor a caoba que impregnaba el salón. También olía a galletas.

Las noches de tormenta, encendía velas por toda la casa y se servía una copita de Courvoisier, que apuraba sorbo a sorbo, hasta que ésta se alejaba. Veíamos el resplandor del relámpago y contábamos de uno en uno hasta escuchar el trueno.

Ocupaba un sillón de orejas que heredó de su madre mientras nos hablaba de que los recuerdos se almacenan más o menos desordenados, con hilitos de los que penden los nombres de las cosas, de los olores, de los sonidos y de los colores…
Como etiquetas que cuelgan de globos, estas se agitan cuando por un resquicio penetra el viento y desplaza la arena que da forma a las dunas del olvido.
Los hilos encadenados arrastran, unos detrás de otros, los recuerdos enlazados por situaciones de coincidencia.
La tía Eloísa nos dijo que los sueños abren de par en par las ventanas para que sople el viento.
A menudo sueño con ella.

16/4/09

16/04/09


La luna no sabe
que sale de noche,
que viaja lentamente
por los tejados,
bordados en las sábanas.
Se desconoce a si misma.
Ni siquiera recuerda,que es luna.
Dolors

9/4/09

EL PRINCIPIO DE DIRICHLET


Apenas podía leer los informes que cada mañana le presentaba su secretario. Samanta llevaba días en que las hojas se convertían tan solo en un saco de palabras sin sentido. Su mirada hacía un barrido que computaba la cantidad de sustantivos, verbos, adjetivos o artículos que tenía el documento. Ángel, su ayudante, la observaba de reojo sin saber qué le ocurría a ella, exactamente, cada vez que leía un dosier.

Samanta abría los ojos de forma exagerada, pasaba las hojas compulsivamente y, al final, como en una pizarra, leía en su cabeza el cálculo final. Sabía la cantidad de comas o de espacios; los puntos, las admiraciones, los títulos en negrita o los subrayados. Los números se convertían en palabras y podía saber la cantidad de letras que formaba cada número al pronunciarse, en segundos. Las palabras se convertían en números y los números en palabras, que después eran letras y acababan siendo otra vez un número.

Jaime, el director, esperaba impaciente las conclusiones de Samanta desde hacía una semana. En tan sólo cuarenta y ocho horas, tendrían que volar hacia Dubai con el análisis detallado de la propuesta. Pensó en cómo exigirle una respuesta a ella. Le gustaba demasiado y eso le incapacitaba, en parte, para enfrentarse. Sam no era especialmente atractiva pero su mirada y el olor de su pelo le había cautivado.

Ella miraba con ansiedad la puerta de su despacho, esperando que él apareciese, impecable, rotundo. Sus ojos iban de los documentos a la puerta y volvían a posarse en el escrito. Sentía caminar el corazon por sus sienes, el cálido aliento que desprendía por su nariz apresuradamente...
Así ocurrió: la sombra de Jaime apareció tras el cristal de la puerta y ésta se abrió con ímpetu.

Samanta lo miró fijamente y en voz baja le dijo:

- Doce, llevas doce prendas sobre tí y sobre tu cabeza 151.115 cabellos.

Él contestó:

- ¿Has estado de nuevo leyendo a Dirichlet?

8/4/09

LA MITAD

He estado toda la tarde mirando por la ventana, sin moverme, casi sin pestañear.
Pero solo recuerdo la mitad de todo lo que he visto. Solo la mitad.
Mi madre dejó una nota escrita sin acabar. Fue a media tarde cuando desapareció como un fantasma. Recogió la mitad de sus cosas y salió por la puerta de casa para no volver nunca.Yo tenía ocho años y Rafa, siete.
Olía a jazmín y rosas, la ventana estaba medio abierta y pudimos ver como su silueta se desvanecía ligera, seguida de una sombra muy alargada; el ruido de los coches, y el bullicio de la gente, envolvió el sonido de sus tacones mientras se alejaba.
Papá leyó casi la mitad de la carta de mamá y la dejó muy bien doblada en la mesita redonda, junto a la ventana. Después preparó un café pero solo pudo beberse la mitad... Tomó un libro entre sus manos, encendió su pipa y todo continuó como si nada hubiera pasado.
Rafa y yo estuvimos buen rato mirando por la ventana.

6/4/09

VACÍO

...Ramiro observó la casa completamente vacía. En cada habitación podían verse las siluetas de todos los muebles y un halo alrededor de las ventanas donde habían estado colgadas las cortinas, adivinaba, casi siempre en la misma posición. En la cocina, los baldosines impolutos aparecían blancos y brillantes donde estuvieron los armarios. Caminó una y otra vez sobre sus pasos, escuchando el eco de sus zapatos en las losetas de toda la casa, oyendo sus pensamientos al ritmo de sus pisadas.

El cuarto de baño tenía una bañera redonda impresionante, con grifos de plata resplandecientes, como espejos. Una mampara diamantina fraccionaba un rayo de sol que planeaba desde el tragaluz del techo. Se inclinó sobre la bañera y abrió el grifo del agua caliente al máximo hasta que todo el cuarto se llenó de un vapor denso y ardiente.

Ramiro apoyó la espalda en una de las paredes frente a la mampara, se dejó caer deslizando su espalda húmeda y quedó sentado en el suelo. El líquido condensado en el cristal fue dibujando, lentamente, una frase, un párrafo transparente pero nítido. Las gotas surgieron de su frente y resbalaron por la nariz y las mejillas. Las cejas, los ojos y los labios se humedecieron, respiró profundamente. Sin perder de vista la frase, se dirigió hacia la bañera a punto de desbordarse y se sumergió dentro sin quitarse la ropa. Cerró los ojos...

28/3/09

UN HUEVO EN UNA MALETA (II)

El sonido de los pestillos de seguridad le parecieron atronadores en el silencio del portal, pero al fin, la entrada le mostraba vía libre para sus propósitos: descubrir el paradero de Ramón.
Encendió la luz y recorrió aquel pasillo larguísimo, con las puertas de las habitaciones cerradas, escuchando sus latidos en la garganta. Llegó hasta el final y, volviendo sobre sus pasos, fue abriendo cada una de ellas y encendiendo las lámparas. Todo estaba ordenado, impoluto y, a simple vista, nada le hablaba de tan injustificada ausencia.

Con sus ojos extraviados revisó una y otra vez desde distintos ángulos, paseando dentro de las habitaciones, empapándose de cada detalle, tocando los muebles, mirando al trasluz las mesas y hasta se agachó a mirar bajo las camas. Debajo de la que fuera la cama de la señora Juana, había una maleta bastante grande de la que tiró hasta que quedó totalmente a la vista. Dedujo que estaba repleta por el peso que percibía y, muy decidida, estuvo a punto de abrirla. Pero el sentimiento de culpa la detuvo. Inmediatamente, volvió a colocarla, se puso en pie y se dirigió a la cocina de forma casi automática; abrió el frigorífico y, tan solo encontró un huevo moreno, tamaño L, cuya fecha de caducidad llegaría dentro de seis días. El resto de los estantes estaban completamente vacíos. Cerró y abrió la puerta del refrigerador varias veces, hasta que decidió volver a su casa tras dejar todo tal cual lo había encontrado.
...
Aquella noche, Catalina llenó su cama de pesadillas: un huevo gigante se incubaba en la maleta durante semanas y, al fin, eclosionaba bruscamente dejando al descubierto un monstruo de dos metros. Con apariencia de dinosaurio, el engendro, que tenía la cara de Ramón, crecía desmesuradamente y acababa convirtiéndose en un King Kong terrorífico que abatían unos platillos volantes...

El día diez de su particular cuenta, marchó al trabajo con tal desasosiego, que hasta se lo advirtieron todos los compañeros. Su cabeza no paró de alimentar el bucle de la inquietud que la estaba devorando. Al terminar la jornada laboral, se encaminó hacia su casa ensimismada en sus pensamientos. Entró en ella, abandonó a su suerte el chaquetón y el bolso en el sofá sin ningún cuidado, y se dirigió a la casa del vecino que, por supuesto, mantenía el felpudo en posición vertical pegado a la pared.

Esta vez, Catalina decidió ir sin vacilación hacia la maleta y abrirla. Tiró de ella violenta y compulsivamente, desarrollando una fuerza hercúlea desconocida hasta aquel momento para ella. El corazón se salía por su boca, mientras que le venían a su cabeza las imágenes del huevo gigante eclosionando ante sus ojos. Desechó tales pensamientos y comenzó a mover la cremallera en el sentido de la apertura. Hasta que no completó el recorrido del cierre, no intentó ver el interior de la maleta. Fue entonces cuando abrió la misma y, la boca en que la misma se convirtió al instante, escupió a presión ropa femenina multicolor: vestidos y zapatos de firma, camisetas, zapatos de fino tacón, zapatillas color fucsia con adorno de marabú y hasta un picardías de raso, rojo pasión.
Catalina guardó la ropa con celeridad y solo pudo formularse una pregunta de vuelta a su sitio: ¿dónde está Ramón?

Durante tres días, se propuso no entrar de nuevo y abandonar la “misión” emprendida. Hablaba para sí pretendiendo convencerse de que debía ignorar la existencia de una puerta enfrente de la suya que daba paso a un piso, que… en nada le interesaba.

El día que anunciaba el número catorce de la ausencia de Ramón, llevó consigo las llaves del piso y a la vuelta de su trabajo, entró directamente en casa del juez, atropelladamente, sin fijarse en la posición del felpudo que permanecía inamovible como en días anteriores.
Se condujo a toda prisa hacia la habitación principal y abrió los armarios: no había ni rastro de los trajes, ni de las camisas, ni de los zapatos del vecino. Entró en la cocina y miró en el frigorífico: allí seguía el huevo de tamaño L, al que le quedaba un solo día para caducar.

Cerró puertas, apagó luces, echó los cierres de la casa del vecino y cruzó el rellano para ir a prepararse la cena. Una vez más, anunció a su conciencia que el caso quedaba cerrado. Como era viernes, intentó planificar un fin de semana fuera de casa para olvidar todo lo sucedido los últimos días.A la mañana siguiente, al levantarse, ignoró el calendario marcado con su peripecia, lo volvió hacia otro lado para no verlo y continuó su ajetreo matutino. Al salir de la ducha, comenzó a oír pasos con sonidos de tacón en casa de Ramón. Se vistió rápidamente y comprobó, entreabriendo la puerta de su piso, que el felpudo estaba colocado perfectamente delante de la puerta. Bajó a la calle y observó las persianas del vecino levantadas hasta arriba. Subió de nuevo a su casa y empezó a pensar en qué hacer. El ruido de los tacones al otro lado de su salón la enervaba aún más, cuando, inesperadamente, se oyeron los cierres de la casa de Ramón. Pegó el ojo a la mirilla y observó a una mujer de espaldas a ella, cerrando la puerta, que llevaba un vestido de los que había en la maleta bajo la cama. Catalina, sin pensar un segundo, abrió bruscamente la puerta y lanzó la frase, elevando el tono: “¡Oiga, ¿dónde está Ramón?!”. La mujer, con toda tranquilidad, terminó de cerrar la puerta, se dio la vuelta y le dijo con una tímida sonrisa: “¡Catalina! Soy yo. Ahora soy Natasha”.

25/3/09

LA LUZ ES COMO EL AGUA. Gabriel García Márquez


En Navidad los niños volvieron a pedir un botó de remos. De acuerdo — dijo el papá—, lo compraremos cuando volvamos a Cartagena. Totó, de nueve años, y Joel, de siete, estaban más decididos de lo que sus padres creían.
— No — dijeron a coro—. Nos hace falta ahora y aquí.
— Para empezar — dijo la madre—, aquí no hay más aguas navegables que la que sale de la ducha.
Tanto ella como el esposo tenían razón. En la casa de Cartagena de Indias había un patio con un muelle sobre la bahía, y un refugio para dos yates grandes. En cambio aquí en Madrid vivían apretujados en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. Pero al final ni él ni ella pudieron negarse, porque les habían prometido un bote de remos con su sextante y su brújula si se ganaban el laurel del tercer año de primaria, y se lo habían ganado. Así que el papá compró todo sin decirle nada a su esposa, que era la más reacia a pagar deudas de juego. Era un precioso bote de aluminio con un hilo dorado en la línea de flotación.
— El bote está en el garaje — reveló el papá en el almuerzo—. El problema es que no hay cómo subirlo ni por el ascensor ni por la escalera, y en el garaje no hay más espacio disponible.
Sin embargo, la tarde del sábado siguiente los niños invitaron a sus condiscípulos para subir el bote por las escaleras, y lograron llevarlo hasta el cuarto de servicio.
— Felicitaciones — les dijo el papá— ¿Y ahora qué?
— Ahora nada — dijeron los niños—. Lo único que queríamos era tener el bote en el cuarto, y ya está. La noche del miércoles, como todos los miércoles, los padres se fueron al eme. Los niños, dueños y señores de la casa, cerraron puertas y ventanas, y rompieron la bombilla encendida de una lámpara de la sala. Un chorro de luz dorada y fresca como el agua empezó a salir de la bombilla rota, y lo dejaron correr hasta que el nivel llegó a cuatro palmos. Entonces cortaron la corriente, sacaron el bote, y navegaron a placer por entre las islas de la casa.
Esta aventura fabulosa fue el resultado de una ligereza mía cuando participaba en un seminario sobre la poesía de los utensilios domésticos. Totó me preguntó cómo era que la luz se encendía con sólo apretar un botón, y yo no tuve el valor de pensarlo dos veces. — La luz es como el agua — le contesté—: uno abre el grifo, y sale. De modo que siguieron navegando los miércoles en la noche, aprendiendo el manejo del sextante y la brújula, hasta que los padres regresaban del cine y los encontraban dormidos como ángeles de tierra firme. Meses después, ansiosos de ir más lejos, pidieron un equipo de pesca submarina. Con todo: máscaras, aletas, tanques y escopetas de aire comprimido.
— Está mal que tengan en el cuarto de servicio un bote de remos que no les sirve para nada — dijo el padre—. Pero está peor que quieran tener además equipos de buceo.
— ¿Y si nos ganamos la gardenia de oro del primer semestre? — dijo Joel.
— No — dijo la madre, asustada—. Ya no más. El padre le reprochó su intransigencia.
— Es que estos niños no se ganan ni un clavo por cumplir con su deber — dijo ella— pero por un capricho son capaces de ganarse hasta la silla del maestro.
Los padres no dijeron al fin ni que sí ni que no. Pero Totó y Joel, que habían sido los últimos en los dos años anteriores, se ganaron en julio las dos gardenias de oro y el reconocimiento público del rector. Esa misma tarde, sin que hubieran vuelto a pedirlos, encontraron en el dormitorio los equipos de buzos en su empaque original. De modo que el miércoles siguiente, mientras los padres veían El último tango en París, llenaron el apartamento hasta la altura de dos brazas, bucearon como tiburones mansos por debajo de los muebles y las camas, y rescataron del fondo de la luz las cosas que durante años se habían perdido en la oscuridad.
En la premiación final los hermanos fueron aclamados como ejemplo para la escuela, y les dieron diplomas de excelencia. Esta vez no tuvieron que pedir nada, porque los padres les preguntaron qué querían. Ellos fueron tan razonables, que sólo quisieron una fiesta en casa para agasajar a los compañeros de curso.
El papá, a solas con su mujer, estaba radiante.
— Es una prueba de madurez — dijo.
— Dios te oiga — dijo la madre.
El miércoles siguiente, mientras los padres veían La Batalla de Argel, la gente que pasó por la Castellana vio una cascada de luz que caía de un viejo edificio escondido entre los árboles. Salía por los balcones, se derramaba a raudales por la fachada, y se encauzó por la gran avenida en un torrente dorado que iluminó la ciudad hasta el Guadarrama. Llamados de urgencia, los bomberos forzaron la puerta del quinto piso, y encontraron la casa rebosada de luz hasta el techo. El sofá y los sillones forrados en piel de leopardo flotaban en la sala a distintos niveles, entre las botellas del bar y el piano de cola y su mantón de Manila que aleteaba a media agua como una mantarraya de oro. Los utensilios domésticos, en la plenitud de su poesía, volaban con sus propias alas por el cielo de la cocina. Los instrumentos de la banda de guerra, que los niños usaban para bailar, flotaban al garete entre los peces de colores liberados de la pecera de mamá, que eran los únicos que flotaban vivos y felices en la vasta ciénaga iluminada. En el cuarto de
baño flotaban los cepillos de dientes de todos, los preservativos de papá, los pomos de cremas y la dentadura de repuesto de mamá, y el televisor de la alcoba principal flotaba de costado, todavía encendido en el último episodio de la película de media noche prohibida para niños.
Al final del corredor, flotando entre dos aguas, Totó estaba sentado en la popa del bote, aferrado a los remos y con la máscara puesta, buscando el faro del puerto hasta donde le alcanzó el aire de los tanques, y Joel flotaba en la proa buscando todavía la altura de la estrella polar con el sextante, y flotaban por toda la casa sus treinta y siete compañeros de clase, eternizados en el instante de hacer pipí en la maceta de geranios, de cantar el himno de la escuela con la letra cambiada por versos de burla contra el rector, de beberse a escondidas un vaso de brandy de la botella de papá. Pues habían abierto tantas luces al mismo tiempo que la casa se había rebosado, y todo el cuarto año elemental de la escuela de San Julián el Hospitalario se había ahogado en el piso quinto del número 47 del Paseo de la Castellana. En Madrid de España, una ciudad remota de veranos ardientes y vientos helados, sin mar ni río, y cuyos aborígenes de tierra firme nunca fueron maestros en la ciencia de navegar en la luz.


(Extracto de "Doce cuentos peregrinos)
Diciembre 1978.