Avila

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Meseta Castellana
BIENVENIDO

25/6/12

MI AMIGA INGRID

Ingrid  llamó a la puerta apresuradamente. 

Abrí con rapidez, ante la urgencia de su llamada, y se abrazó fuertemente, inundándome con sus lágrimas y un sofoco desconsolado. 

- No puedo más. No puedo con las mentiras que hacen daño. No puedo entender a los demás. 

La calmé como pude y estuvimos hablando largo rato. 

Ingrid tiene, a mi modo de ver, un trastorno que le imposibilita llevar una vida socialmente despreocupada. Es una persona confiada y honesta hasta donde se le permite. Sí, así es:  hasta donde los demás lo permiten. 

Ella aparenta ser una persona segura y con personalidad pero debe rastrear y observar las miradas y gestos de otras personas para no ser objeto de tremendos destrozos emocionales. 
Ingrid tiene una inteligencia natural importante pero la falta de ese sentido para detectar la ausencia de verdad, o los comentarios de conveniencia,  le provocan sentimientos dolorosos. 

Suele ilusionarse cuando encuentra a una persona que le dice las cosas de verdad, con el corazón, que dice lo que siente y siente lo que dice. 

Pero ¿cómo puede detectar si esta persona falta a la verdad?

Estuve explicándole que debe huir de quienes repiten una y otra vez que son muy sinceros; que observe a las personas que se manifiestan dudosas, que sospeche de los cambios inesperados, que no confíe en las palabras sino en los hechos. Y, sobre todo, que haga caso de su primera impresión. 

Su inteligencia le permite detectar intuitivamente a los sospechosos. El problema es que solemos desoír demasiadas veces las señales que nos dan los otros. A Ingrid le ocurre eso mismo. 

Esto se acaba complicando porque cuando quiere y aprecia a las personas, confía plenamente en ellas y pierde la capacidad de inventar o de envolver las cuestiones cotidianas con omisiones, mentiras piadosas, incluso olvidos controlados,  que la mayoría de las personas saben utilizar. Ingrid quiere que la acepten a ella misma sin ocultarse detrás de una imagen virtuosa. No puedes abrirte de par en par y confiar en que el otro lo asimile. Eso no puede ser. Ya se lo digo yo. Ingrid tiene un encanto y un magnetismo especial. 

La mentira o la verdad "envuelta" o las medias verdades son parte del aprendizaje colectivo, de los tabúes y las formalidades establecidas. 
Además, la inseguridad y la falta de empatía posibilita que se haga daño juzgando a los otros, a los que confían.







"Todas las culturas están repletas de pequeños gestos cotidianos en los que nadie repara: por ejemplo, el olor de lo que se cuece en los fogones, los horarios que rigen nuestras vidas o la edad media a la que nos casamos; el orden legal de los apellidos o que a algunos bebés, en función de su sexo, les pongan pendientes al nacer. Estas costumbres, tan familiares que parecen anodinas, son las que dan forma visible, enraízan y perpetúan cada cultura. Allí arrancan nuestras prioridades y cómo tratamos a los demás.
...

Estos gestos y estos sentimientos están avalados por el entorno. Los defendemos con pasión porque nos definen y nos hacen similares a otras personas, que a su vez nos conceden su protección y su aprobación. Eso nos ayuda a sobrevivir en un mundo confuso y amenazante. Por ello no solemos cuestionarnos las costumbres de la cultura ambiente, aunque barruntemos a veces que sus usos resultan extraños o injustos; tendemos más bien a justificarlos. De hecho, los psicólogos sociales llevan décadas avisándonos de que nuestro cerebro lo pone todo al servicio de nuestras mentiras interesadas: el inconsciente en el que se agazapan los gestos y las emociones de cada día, la memoria que todo lo reescribe, los latiguillos mentales que disimulan la realidad para que encaje en nuestros guiones.
Sin duda uno de los elementos que distinguen a las culturas más creativas es la capacidad de ir limando y limpiando la podredumbre que se acumula entre sus pliegos; de reescribirse, de reinventarse, de soltar lastres.
...

Cultura es sólo el conjunto de nuestros actos y costumbres. Por sí misma, esta palabra no revela si lo que encierra es bueno o es denigrante y abusivo. Cuando ensalzamos y blindamos el concepto de cultura sin reparar en lo que encierra, todos somos cómplices: los unos, cuando pasamos por alto los derechos humanos básicos y el respeto a la vida en nombre de culturas y tradiciones que son meras tapaderas para crear sociedades de víctimas y verdugos. Los otros, porque ya sólo tienen que llegar y asestar el golpe mientras todos miran hacia otro lado, presas de tabúes engañosos, cómplices y viciados."
Elsa Punset.




5 comentarios:

Ricardo Musso dijo...

Uno de los basamentos teóricos de las Terapias Cognitivo Conductuales que utilizo con mis pacientes hace 30 años ya, está resumida en una frase del filósofo griego Epicteto, que en el siglo I después de Cristo dijo: “No son los hechos, sino lo que pensamos sobre los hechos, lo que nos perturba”.
Como describe Elsa Punset, y le sucede a tu amiga Ingrid, las personas tendemos a crearnos una perspectiva de la realidad que se acomode a nuestras creencias (principios, valores, ideas, etc.), y si ésta no se adapta a esa configuración, sufrimos y comenzamos con trastornos psico-emocionales de diverso tipo.
Las personas debemos aprender a “defendernos”, “protegernos”, expresar nuestra aprobación o no de lo que los demás hacen o dicen; desarrollando nuestra autoestima y asertividad; y no desmoralizarnos, abatirnos y caer en llantos porque existan en el mundo conductas que reprobamos.

Un beso grande.
Rik

PD: Muy bueno el tema de Sabina … jajajaja

silvia dijo...

Gracias por tu intervención. Muy interesante. Abrazos.

Adrian Chimal dijo...

La canción, buenísima. Muy acertada y Sabina da en el clavo. Como con todas sus letras.

Adrian Chimal dijo...

El problema es que las personas como Ingrid son blanco de los que viven enredados en su mundo lleno de prejuicios, inseguridades y tabúes. Esas personas que construyen su verdad, juzgan a los otros de manera implacable. Entiendo el sufrimiento de Ingrid porque decir la verdad esta mal visto.
Saludos

silvia dijo...

Bueno, cada uno construye su verdad. Cada uno valora de acuerdo a su criterio. Quizá nos perdonemos cosas que no perdonamos a los otros. E incluso, quizá puede que perdonemos a los demás y no nos perdonemos a nosotros mismos. Lo que ocurre es que "cuando perdonamos, y perdonamos, nos gastamos. Eso último, para mí, si trastorna emocionalmente ". Creo que las cosas podrían ser más sencillas si fuéramos más seguros. Me incluyo yo.
Gracias por los comentarios.