Avila

Avila
Meseta Castellana
BIENVENIDO

25/4/08

Encuentros.-

Con el recuerdo de tus ojos grandes, de tu forma de caminar tan peculiarmente tuya, algunas veces despacio, la mayoría diligente y apresurada; de tus vestidos informales y diversos, pensados para cada ocasión, como si cada una de ellas fuera distinta si casi siempre es idéntica, y la de hoy se parece a la de ayer y a la de casi todos los días, te imagino abandonando tu casa, temprano, oliendo tu pelo a lavanda y a rosas y tus labios al primer café de la mañana.

Y es que, en nuestras mutuas soledades, nos hemos cruzado tantas veces la mirada, la tuya al limite de iniciar o precluir una sonrisa, casi siempre indolente simulando indiferencia, la mía inquisitiva, atrevidamente interesada, hasta lograr aprisionarla en ocasiones y hacerla propia aunque tu no lo sepas y aun a pesar tuyo.

Y te sigo cada día, o apenas unos pasos por delante en ocasiones y en otras a tu vera, con la intención de acompasar mis latidos a los tuyos, los dos peregrinos comunes del mismo trayecto, solos, rodeados de los mismos rostros, las mismas rutinas, idénticos gestos y conjuros, hasta que, con todos mis interrogantes intactos ya tan cotidianos, desapareces en tus grandes almacenes donde, otra vez sola, entre tanta gente, me parece que expides quimeras a cambio de voluntades.

Y pienso que sigues solitaria a pesar de las palabras y las forzadas sonrisas sin que nadie te rescate del ingente agobio hasta el filo de mediodía que te detiene para restaurar los estragos del hambre y tu figura.

¿Puede extrañarte, acaso, que cada tarde buscando tu soledad me acerque a la playa, por sola, tan tuya, como si fueras parte de la misma, y quiera hacerte participe de la mía?

1 comentario:

silvia dijo...

Muy sugerente el texto.
Un abrazo.
Silvia