Avila

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30/3/08

Nací con la luna

¡Tú naciste con la luna! Eso es lo que siempre he oído de muchos, porque todos lo oyeron de ella y solo ella lo sabía, porque me parió sola. También eso me decía, y que no sabía como pudo hacerlo porque yo traía el cordón al cuello.
El verano había comenzado apenas y la noche que debía haber sido corta como son las del inicio del verano, al parecer fue muy larga para ambos.

Más tarde cuando pude entenderlo también me dijo que por eso la luna había tenido más tiempo para tomarme de la mano. Quizás ello explique que me guste el verano y hacer de sus cortas noches, noches largas conversando a la luz de la luna, sentado en la arena con los pies descalzos. Sin embargo también me gusta hacer cortas las noches largas de invierno junto a la lumbre mientras bebo ron y razonamos.

Lo que no me gustan nada son los hospitales y, cuando no trabajo en ellos, siempre doy un rodeo para evitarlos. No se qué culpa tenía la luna de todo ello, sin embargo era al referirme a eso cuando mas insistía en decirme que era hijo de la luna.

No se que hubiera habido signos extraordinarios, ni nunca he sabido tampoco si aquella noche estaba la mar en calma. Pero seguramente. En cambio si sé que la casa estaba recién encalada y que todos los rincones olían a espliego y romero por el sahumerio que mi abuela había preparado desde dos días antes. Eso fue lo único extraordinario aparte de nacer, si nacer lo es para uno.

Es verdad que ese día siete caballos murieron asfixiados por causa del calor, y creo que esa fue una de las razones de venir al mundo solo. El veterinario y mi padre estaban ocupados y seguían sin ninguna duda el orden preestablecido. Lo primero es lo primero. Además las primerizas siempre llevaban las cuentas equivocadas. Sin embargo alguien me contó mas tarde que todas las mujeres casadas y hasta las viudas habían vigilado para que ningún hombre sacara el estiércol a la calle. Sabían que era muy malo para una parturienta y también para la criatura. Las solteras de esas cosas no se ocupaban ni hablaban abiertamente de ello.

Sería por eso que a medida que fui creciendo descubrí que me gustaba la mar calmada y me enloquecía ver las lunas, una arriba y otra abajo, como si fueran gemelas. Pero también me gustaba ver una sola, la de arriba, cuando la de abajo se la había tragado una mar enfadada. Y también ésta me atraía por su locura. Cuando le contaba estas cosas a mi madre me decía que era un lunático. Como me decía también que era el estiércol lo que me provocaba asma. Hasta tenía convencido al médico de que era así. Sin embargo, no es cierto, porque nunca he sido asmático.

También siempre me ha gustado el blanco de las casas encaladas y que la ropa oliera a lavanda, pero en los atardeceres de primavera prefería el azahar, y el jazmín para las noches de amor. Y el sabor a limón en unos labios que supieran besar. Ahora no lo sabría. Todo viene enfrascado y con nombres que sugieren cosas extrañas.
En cambio antes cuando volvía al lugar de mis raíces ya fuera en invierno o en verano solía llevar gafas de sol para ver todos los colores. El blanco los mataba y agredía. Entonces mi madre me decía que era contradictorio, e inventaba y me llamaba “perpléjico”, y yo le contestestaba que era hijo de la luna, y rotundamente me replicaba que nunca sabría cuanto. Eran esos momentos en los que perdía la severidad perenne de su semblante y me sonría. Por eso yo insistía. ¿Seria cosa de la luna que me gustara ver sonreír a mi madre? No. No creo en absoluto que dependiera de ello querer contagiarme de la ternura que aun tenían sus escasas sonrisas. Ahora solo me mira y no recuerda nada, pero de vez en cuando me señala la luna. Yo tampoco llevo gafas de sol porque el blanco de la cal es menos blanco.
Seguramente tampoco la luna ha tenido que ver nada por haber querido complacer sin ninguna reserva a mis esposas, lo mismo que a cada una de mis amantes hasta enfermar. Sin embargo todas ellas sin excepción me han hecho responsable de casi todo por alunado, como si ellas nos fueran responsables de nada. Y yo me digo, ¿Qué culpa tengo yo si la luna me tomó de la mano cuando nacíamos?

3 comentarios:

Jose dijo...

A Claudia en pago de una deuda pendiente y a Dolors como homenaje a sus lunas.

Claudia dijo...

José, eres un lunático encantador. Ahora lo entiendo todo.
Gracias por tus gustos.
Claudia

Anónimo dijo...

Hola Jose. Precioso. Gracias
Dolors